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Actividades que realizamos

  • Viajes de consultas médicas en el barco hospital, en la región amazónica del Purùs, cuya atención sanitaria continuada es responsabilidad del agente de salud local
  • Programa de informatización del equipo de dermatología tropical para establecer el censo epidemiológico de la población que atendemos tanto en la zona rural como urbana de esta región amazónica
  • Implantación y consolidación de los cursos de capacitación de agentes de salud para control de las enfermedades tropicales más frecuentes
  • Programa de bolsas de estudios para los jóvenes y agentes de salud de estas regiones que no tienen posibilidades económicas para pagar su formación académica reglada, con el objetivo de formar a estos equipos locales y asì, garantizar el futuro del atendimiento mèdico.
  • Participación en iniciativas locales para el desarrollo económico de estas zonas
  • Programa de investigación de patologías tropicales olvidadas como la enfermedad de Jorge Lobo, iniciada con un primer estudio de campo para determinar el índice de prevalencia e incidencia de esta patología.
  • Publicaciòn de informes técnicos sobre estas patologías tropicales para su divulgación en el ámbito internacional
  • Participaciòn en seminarios, congresos, conferencias internacionales con el objetivo de sensibilizar sobre el escaso interés por las patologías tropicales debido a su incidencia en poblaciones alejadas del interés científico internacional.
  • Programa de control de la Hanseníase, Malaria, Verminosis, Pinta, Psoriases etc, en colaboración con las autoridades locales, estaduales, federales e internacionales.
  • Programa de exámenes de piel en las escuelas
  • Programa de control de la desnutrición en la región de la triple frontera del Brasil, Paraguay y Argentina en colaboración con la ONG local AFA
  • Asesoramiento técnico a entidades locales de países de Amèrica Latina y Africa que desean desarrollar su propio programa de atención socio-sanitario y que no disponen de personal cualificado
  • Publicaciòn del primer Atlas de dermatología tropical de la región amazónica brasileña
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“Salud para todos”

Decía Ortega y Gasset, que “la vida es la realidad radical”, y puntualizaba que la vida podría ser voluntariamente ofrecida por valores o ejercida por valores, pero que en todo caso, todo ocurre desde la vida, que esta nuestra vida es el soporte óntico de todos los valores y todos los derechos humanos. A esto habría que añadir que una vida sin salud es menos vida, pues es clave para el desarrollo de nuestras actividades culturales, políticas o sociales.

El fortalecimiento de los sistemas sanitarios en cualquier país del mundo es objetivo fundamental para que se tenga una vida plena y se puedan combatir datos, no sólo estadísticos sino reales, como la muerte de 40.000 niños por desnutrición al día en el mundo o la de 900.000 mujeres al año al dar a luz.

El mundo ha cambiado de forma extraordinaria en estos últimos cincuenta años. La situación de las enfermedades es todo menos estable. El crecimiento demográfico, la incursión en zonas deshabitadas, la rápida urbanización de las ciudades, el deterioro medioambiental y el mal uso de los antimicrobianos han alterado el equilibrio del mundo de los microorganismos y ha traído consecuencias negativas para la propagación de enfermedades.

Están surgiendo brotes de enfermedades a un ritmo sin precedentes cada año. Se tiene la sensación de vulnerabilidad mundial y se es  consciente de que el mundo actual, es sumamente cambiante, interdependiente e interconectado, que ofrece innumerables oportunidades para la rápida diseminación de enfermedades infecciosas. Un brote de epidemia en cierto lugar del mundo puede convertirse  en apenas unas horas en una amenaza inminente en cualquier otro lugar del planeta. En los últimos diez años se han verificado 1.100 eventos epidémicos tales como el cólera, la fiebre amarilla, el sindrome respiratorio agudo severo,  la fiebre hemorrágica del ébola, la fiebre hemorrágica de Marburgo o la  enfermedad de Nipah, respresentando un riesgo para la establidad sanitaria.

En lo que va de siglo se han detectado 288 brotes epidémicos en Africa, 108 en Asia, 89 en América Latina,  o 48 en Europa, durante los brotes de cada una de estas enfermedades ha habido que dar respuesta rápida, pero no siempre ha resultado eficaz dado los frágiles sistemas sanitarios de salud de estos  países en vías de  desarrollo unido a la falta de personal cualificado de forma permantente en estos locales, además de la resistencia a los antimicrobianos, dato éste que resulta de gran importancia para la lucha de estas enfermedades infecciosas. Hoy se conoce la alta incidencia de la farmacorresistencia en casos de enfermedad diarreica, infecciones nosocomiales, enfermedades de transmisión sexual, infecciones respiratorias, malarias, meningitis o las que están surgiendo en el caso de los tratamientos que combaten al VIH.

Debemos ser conscientes que para lograr un mundo más saludable y preparado, y responder colectivamente a estas amenazas de brotes endémicos, se necesitan alianzas que agrupen a todos los países del mundo y a las Instituciones gubernamentales y no gubernamentales que trabajan  en esta acción sanitaria mundial, para conseguir aplicar de forma eficaz y oportunamente un modelo de vida saludable para todos. Ello exige que los países en desarrollo cuenten con la capacidad básica necesaria para detectar enfermedades y se colabore con ellos en el fortalecimiento de sistemas sanitarios públicos de importancia internacional.

La instantaneidad de la comunicación electrónica supone que los brotes epidémicos ya no pueden mantenerse en secreto, como ocurría a menudo. Los gobiernos eran reacios a notificar los brotes debido a los perjuicios que en el comercio, en los viajes o en el turismo podían acarrear para sus economías. En realidad, los rumores son más dañinos que los datos.

Otra preocupación en el campo de la salud mundial son los sistemas de prevención que deben ser evaluables para evitar situaciones como la vivida en los años 80 debido al uso generalizado de insecticidas en programas sistemáticos de control a gran escala, la mayoría de las enfermedades importantes transmitidas por vectores dejaron de considerarse un problema de salud pública en Africa, pero con la paulatina merma de los recursos, los programas de lucha contra las enfermedades decayeron. Las consecuencias fueron que treinta años después muchas afecciones importantes transmitidas por vectores como la triponosomiasis africana, el dengue o la malaria surgieron en zonas nuevas o reaparecieron en zonas afectadas del pasado.

Procesos de urbanización han contribuido a la rápida propagación de patologías como el caso del dengue y sus vectores. En 2005, 56 países notificaron a la Organización Mundial de la Salud 1,2 millones de casos, tratándose hoy de una pandemia que afecta no sólo a los países en vías de desarrollo sino al continente Europeo y a los  EEUU.

Cuando se eluden compromisos de solidaridad con el desarrollo de los sistemas de salud de estos países, se deja de ser eficaz en la vigilancia epidemiológica, pues siempre que un sistema de salud resulte  precario no detectará la presencia de nuevas amenazas y lamentablemente puede ser motivo de preocupación internacional mucho después y casi siempre coincidiendo con la aparición de esas enfermedades en nuestros países desarrollados.

 

Para fortalecer la estructura sociosanitaria de estos países debemos:

 

  • Apoyar  la colaboración técnica para la construcción de infraestructuras ambulatoriales y hospitalarias.
  • Intensificar las campañas de sensibilización a estas poblaciones en el combate a las enfermedades.
  • Desarrollar sus sistemas locales tanto en infraestructuras como en el apoyo permanente de sus agentes comunitarios de salud (ACS).
  • Coordinar acciones científicas mundiales  de investigación y desarrollo.

 

Muchas de las epidemias  detectadas en este inicio de siglo podrían haberse prevenido o combatido mejor, si los países afectados hubiesen dispuesto de unos sistemas de salud más sólidos y mejor preparados. A algunos países les resulta más difícil que a otros, hacer frente a estas amenazas endémicas porque carecen de los recursos necesarios o por la  escasa presencia de profesionales sanitarios formados, e incluso porque  han resultado dañados por conflictos armados, inestabilidad política permanente  o por desastre natural.

Ningún país, por más preparado que esté, o  por más rico o tecnologicamente avanzado que sea, puede prevenir, detectar y dar respuesta por sí solo a todas las amenanzas para la salud pública mundial. De ahí que se apoyen programas como el RSI de protección de salud pública de la Organización Mundial de la Salud para unificar políticas sanitarias globales.

Es conveniente y eticamente necesario apoyar la cooperación sanitaria mundial entre toda las Instituciones santarias de ámbito local, regional, estatal e internacional para mejorar los índices de desnutrición, de mortalidad materno-infantil, de enfermedades sexualmente transmisibles o enfermedades como el dengue. La responsabilidad mundial para el desarrollo nos exige cooperar en el fortalecimiento de las estructuras sanitarias y en la mejora de la formación del personal de estos países. Es fundamental no perder de vista las consecuencias personales de los problemas sanitarios mundiales que inspiraron el compromiso de 1978 en pro de la atención sanitaria básica, basado en el lema  SALUD PARA TODOS, dicho compromiso y los principios en los que se sustenta se mantienen incólumes y siguen siendo fundamentales. La perspectiva de un futuro más seguro está a nuestro alcance, se trata por tanto de una gran responsabilidad colectiva.

Dra Antonia Lòpez Gonzàlez